Nos gusta que nos mientan

Nos gusta que nos mientan, que nos digan que nuestra ciudad es la más bonita del mundo, que no tenemos cara de cansada, que nuestra pareja diga incluso que la tortilla de patatas nos sale mejor a nosotras que a su madre.

Nos gusta que nos mientan, que digan que nuestro equipo merecía ganar, cuando pierde. Que nos merecemos el estado del bienestar como un niño merece una caricia. Las mentiras reconfortan.

Pero  ¿Cuándo han pasado a convertirse en nuestra realidad todas las pequeñas mentiras piadosas, y no tanto, los corrinches de fanáticos, la fachada de quedar bien, ese postureo, la trola más evidente?

Para mi, ese es el misterio.

¿Alguien más está exhausto?

Lo estamos porque la perdida de verdad conlleva una perdida de confianza, y los seres humanos no podemos vivir sin bajar la guardia 24/7, sin confiar en algo, sin certezas. 

Cómo nos pesa.

Porque no es cierto que en la era de la posverdad sea un momento en el que la gente ha perdido la confianza solamente en las instituciones , sino en casi todo.

Me gustaba pensar, como experta del marketing, que las empresas -las marcas- iban a venir a llenar ese vació de certezas necesarias,  de la verdad que requiere nuestra salud mental: Qué bonito el romantizar con la idea de que las marcas, a través de las elecciones que hacemos las personas darán forma y referencia y sentido a nuestra existencia, como la autentica democracia, el power to the people. Casi me creo mi mentira, esta vez, yo misma.

Porque las marcas tampoco se libran de la posverdad

A los consumidores nos gusta que nos digan que la marca blanca es igual o mejor que la marca del fabricante, que la bandeja de carne a 1 euro es igual que la del carnicero de siempre por un tema de economía de escala y no se qué. Que el perfume de Mercadona es como el de Chanel. Que podemos ser sostenibles mientras abusamos de las devoluciones gratuitas para comprarnos ropa «concious».

A los consumidores nos gusta que nos llame inteligencia artificial por nuestro cumpleaños como si fuera Cristiano Ronaldo. Y creérnoslo.

 

Nos gusta que nos digan que este jersey con  más del 30% de poliéster es muy sostenible y muy eco en la etiqueta aunque lo único sostenible sería no comprarlo. Nos gusta que nos digan que este zumo y esta lata son sanos y no leer una etiqueta frente a la que hasta un niño de ocho años levantaría las dos cejas.

Nos gusta la diversidad y la naturalidad, pero no dejan de crecer las operaciones estéticas, y los filtros dismórficos.

¿Habremos llegado al punto más preocupante de todos?:

¿No nos gusta la verdad?

La RAE en su edición de 2023 dice que la POSVERDAD es 1. F. Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Los demagogos son maestros de la posverdad.

Esta palabra fue tambien definida por el Diccionario de Oxford de 2016, como una situación en la que “los hechos objetivos tienen menos influencia en la formación de la opinión pública que las apelaciones a las emociones y las creencias personales”

Una situación en la que mi opinión y la tuya conforman la realidad. No soy una experta pero parece hasta peligroso.

Y esto sigue, la inteligencia artificial, solo hará que perpetuarnos en nuestro propio caldo, con personalización, con automatización. No hay un ápice de autenticidad en la inteligencia artificial. Esa parte la teníamos que poner nosotros.

Recordemos además la frase de Clifford Stoll “Los datos no son información, la información no es conocimiento.”

 

Doctor, ¿hay esperanza?

Hombre, pinta mal.

De todas formas, por si aún estamos a tiempo, voy a lanzar algunas ideas que pueden ayudar, en lo mío, en el marketing. Con la esperanza de que mi trabajo no quede reducido a lo de la viralidad porque francamente, queridos, me parece un p. co..zo el algoritmo.

Las buena noticia es que, aunque no nos gusta oírla, parece que todavía necesitamos VERDAD.

Vivir en un mundo post-confianza ha resultado en que las personas busquen ansiosamente nuevas fuentes de apoyo y orientación.

Las marcas pueden apelar a esa necesidad de verdad, porque el principio de cualquier marca sigue siendo la confianza.

 

  1. ACCIONES DECIDIDAS

Las acciones decididas generan confianza

Numerosos estudios indican una creciente preferencia de los consumidores por marcas con propósito que se centran en contribuir positivamente a la sociedad además de generar ganancias. Visto a través de una lente post-confianza, está claro que no se trata sólo de que las personas quieran que las empresas sean más consideradas y éticas, sino también de querer que las empresas llenen el vacío dejado por instituciones confiables y contribuyan a una sociedad más resiliente. Con alguna certeza o punto de vista.

Hace años, había que tener foco y coherencia, ahora hace falta tener un punto de vista valiente y claro y mantenerlo.

 

  1. ACCESIBILIDAD

Las redes sociales han contribuido a la erosión de la confianza en general, pero la innovación tecnológica en incluso las redes pueden dar solución a uno de los problemas más universales que hay hoy en día, la cantidad de gente sin acceso a la autosuficiencia: de bienestar, de salud, de calidad de vida. Las marcas pueden enfocarse en generar acceso a bienestar de muy distintas maneras. Accesibilidad al bienestar, menuda palanca.

 

  1. CREAR COMUNIDAD

A medida que la confianza en las instituciones, empresas y marcas ha disminuido, las personas se han vuelto más dependientes de las opiniones de los demás -de nuevo buscando verdad en algún lado, desesperadamente-.

Este poder de la comunidad reside en el corazón de marcas como Glossier y Airbnb, donde la conexión y la reseñas entre clientes son fundamentales para el modelo de negocio.

Las marcas deben dar mucho espacio y sentido de pertenencia a las personas, creando comunidades, permitiéndoles incluso amplificar y moldear la marca generando indiscutiblemente valor mutuo.

 

  1. NARRATIVA PARA CONECTAR DE FORMA EMOCIONAL

La confianza es, en última instancia, un estado cerebral emocional, central para las relaciones humanas.

Que nadie por favor crea en paneles de consumidor en los que ellos dicen que sus decisiones de compra no son emocionales. Esto es tan fiable como cuando respondo “nada” a la pregunta de “¿Qué te pasa?” en pleno y evidente arrebato de ira por algún motivo.

Hoy en día, especialmente, lo emocionalmente convincente es mucho más influyente que el hecho objetivo. Cuando las marcas demuestran empatía y la incorporan en su narrativa la confianza puede crecer y crecer.

Tomemos como ejemplo Pinterest, una de las plataformas de tecnología de consumo con mejor desempeño en 2023, con más de 450 millones de usuarios en todo el mundo. Para Pinterest una parte fundamental de ese atractivo, y una decisión consciente es su narrativa constante de ser el lugar más inspirador y positivo de Internet. ¿Habéis visto algo desagradable ahí? Yo no y se agradece.

 

Quizá todo esto va de que las marcas deben esforzarse no en crear confianza en su marca o producto, sin en que la gente vuelva a recuperar la confianza en la vida en general y en ellos mismos.

 

¿Cómo era eso de Van Gaal? «Siempre positivo, nunca negativo»

¿Qué os parece a vosotros?

Una abrazo

María